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lunes, 12 de enero de 2026

Nuevos hallazgos en las profundidades de la Tierra: un mundo oculto bajo nuestros pies

Durante décadas, la imagen que teníamos del interior terrestre era relativamente simple: una corteza fina, un manto rocoso y un núcleo dividido en dos capas. Sin embargo, los avances recientes en sismología y modelado geofísico están revelando un panorama mucho más complejo. Bajo nuestros pies existe un territorio desconocido, lleno de estructuras inesperadas que desafían los modelos clásicos y obligan a replantear la historia profunda del planeta. Uno de los descubrimientos más llamativos proviene del límite entre el manto y el núcleo, una región situada a casi 3.000 kilómetros de profundidad. Allí, los científicos han identificado enormes masas de material extremadamente denso, conocidas como provincias de baja velocidad sísmica. Estas estructuras, del tamaño de continentes, parecen estar compuestas por materiales distintos al resto del manto. Su origen sigue siendo un misterio: podrían ser restos de antiguos fragmentos de corteza que se hundieron hace cientos de millones de años, o quizá materiales primordiales que nunca se mezclaron con el resto del planeta desde su formación. Otro hallazgo sorprendente afecta al propio núcleo interno. Tradicionalmente se pensaba que era una esfera sólida y homogénea, pero nuevas investigaciones sugieren que su forma podría ser ligeramente irregular y que su estructura interna no es uniforme. Algunas zonas parecen estar cristalizando más rápido que otras, lo que indica que el núcleo es un sistema dinámico, en constante evolución. Incluso se ha observado que su rotación relativa respecto al manto podría variar con el tiempo, un fenómeno que podría influir en el comportamiento del campo magnético terrestre. Además, estudios recientes apuntan a que el transporte de calor desde el núcleo hacia el manto es más eficiente de lo que se creía. Esto implica que la geodinamo —el mecanismo que genera el campo magnético— podría estar alimentada por procesos más intensos y complejos. Esta transferencia de calor podría estar conectada con las estructuras densas del límite núcleo‑manto, formando un sistema profundo interdependiente que regula la actividad del planeta desde sus entrañas. En conjunto, estos descubrimientos dibujan un interior terrestre mucho más vivo y variado de lo que imaginábamos. La Tierra no es un conjunto de capas estáticas, sino un organismo profundo, lleno de contrastes, movimientos y estructuras que aún no comprendemos del todo. Cada nuevo dato abre más preguntas: ¿qué historias geológicas guardan esas masas enterradas?, ¿cómo afecta la forma del núcleo a la estabilidad del campo magnético?, ¿qué otros secretos aguardan en regiones que nunca podremos visitar? Lo que está claro es que el planeta sigue sorprendiéndonos. Y que, bajo la superficie que pisamos cada día, existe un mundo oculto que late, cambia y conserva la memoria más antigua de la Tierra. FUENTE: COPILOT